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Cómo proteger la piel del sol en verano: consejos de dermatóloga
Con la llegada del verano y el aumento de actividades al aire libre, dermatólogos recomiendan medidas clave para prevenir quemaduras, envejecimiento prematuro y daños acumulativos de la radiación solar.
POR REDACCIÓN
Con la llegada del verano y altas temperaturas, la exposición al sol se intensifica y aumentan los riesgos para la piel, incluidos quemaduras, manchas, envejecimiento prematuro y cáncer cutáneo. La dermatóloga Florencia Scherli explicó que es fundamental adoptar medidas de protección eficaces para minimizar estos efectos y mantener la salud cutánea durante la temporada de mayor radiación.
Uno de los pilares del cuidado es el uso correcto del protector solar. Scherli recomendó elegir protectores con factor 50, especialmente para niños, aunque en general cualquier producto con SPF 30 o más y cobertura de amplio espectro (UVA y UVB) es eficaz para proteger contra la radiación dañina. Además, destacó que no basta con aplicarlo una sola vez: es necesario reaplicarlo cada dos horas, o antes si se está en contacto con agua o se transpira intensamente, ya que la eficacia se reduce con el tiempo y la actividad.
La elección del horario también influye en el riesgo de daño solar. Los rayos ultravioletas (UV) son más intensos entre las 10 y las 16 horas, por lo que, cuando sea posible, se recomienda evitar la exposición directa en esas franjas o buscar sombra para reducir el impacto.
Además del protector, Scherli remarcó la importancia de proteger todas las zonas del cuerpo, incluyendo las que suelen olvidarse, como cuero cabelludo, orejas y cuello. La ropa también aporta un nivel de defensa: camisetas de manga larga, sombreros de ala ancha y gafas con filtro UV ayudan a limitar la penetración de radiación.
Los especialistas en salud cutánea subrayan que los efectos del sol se acumulan con el tiempo: la piel “tiene memoria”, y las exposiciones repetidas sin protección incrementan el riesgo de lesiones precancerosas y cáncer de piel, incluso décadas después de la exposición inicial.
Finalmente, tras la exposición al sol, se recomienda hidratar la piel con productos adecuados y, en caso de quemaduras leves, emplear lociones calmantes para aliviar el daño superficial, aunque siempre con el consejo de un profesional cuando los síntomas sean severos o persistentes.