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“Era mi compañero de vida”: ofrece $200.000 para encontrar a su caballo
Juan Francisco Calderón, de 78 años, no pierde la fe. Su caballo desapareció hace una semana en Santa Rosa y la familia ofrece una recompensa para hallarlo con vida.
En el corazón de Santa Rosa, departamento 25 de Mayo, la angustia se ha instalado en el hogar de la familia Calderón Tejada. Lo que comenzó como una mañana habitual de trabajo en la finquita de Calle 9 y Costa Canal se transformó en una pesadilla que ya lleva varios días de incertidumbre y dolor. Juan Francisco Calderón, un incansable trabajador rural de 78 años, busca desesperadamente al "Niño", su caballo, un animal que no solo era su compañero de trabajo, sino su compañero de vida y lealtad.
El animal desapareció el pasado miércoles 7 de enero. Aquella jornada, Juan cumplió con la rutina de años: le dio de comer, le aseguró el agua y lo dejó descansando en su potrero antes de retirarse. Sin embargo, al amanecer del día siguiente, el lugar estaba vacío. Desde ese momento, la vida de este abuelo se detuvo, volcada enteramente a la misión de recuperar a su amigo, por quien ahora ofrecen una recompensa de $200.000 para encontrarlo.
Una vida de trabajo y compañerismo en la finca
Para Juan Francisco, el caballo no representa un valor económico, sino un vínculo emocional forjado en el surco y el sol sanjuanino. A pesar de sus casi ocho décadas, Juan sigue activo en su pequeña finca, donde cuida con esmero dos parrales, un potrero de pasto y cañaverales que hace cortar anualmente para la producción de cañizo. En cada una de estas tareas, el equino era su socio indispensable.
“Él estaba muy encariñado con él porque era su compañero de trabajo”, relató a DIARIO HUARPE su esposa, Ermelinda Tejada, con una voz que trasluce la tristeza que embarga a la familia.
El animal ha estado con ellos durante años, convirtiéndose en un miembro más de la dinámica diaria de la familia. La pérdida ha golpeado la salud anímica de Juan, quien se resiste a aceptar que el destino de su compañero pueda ser trágico.
La sombra de la inseguridad y el temor al "carneo"
La desaparición del caballo no parece ser un hecho aislado. Según denuncian los vecinos y la propia familia, la zona de 25 de Mayo en los últimos meses se ha visto azotada por una ola de robos de animales. La sospecha de un robo es firme, especialmente ante la dolorosa realidad que enfrentan muchos propietarios en la región y qué DIARIO HUARPE reveló a través de un informe el 8 de agosto de 2024: el sacrificio clandestino de caballos para la venta de su carne.
Hermelinda confesó que, en medio de la búsqueda desesperada, han recorrido diversos parajes, incluyendo las zonas bajas del río, donde lamentablemente la policía y otros vecinos han hallado restos de animales faenados.
“Gracias a Dios, en los que han visto, ninguno es el Niño”, afirmó con un alivio amargo, ya que cada hallazgo negativo es, al mismo tiempo, una nueva oportunidad para la esperanza.
La denuncia ya ha sido radicada ante la Policía Rural, que trabaja junto a la familia para intentar rastrear al animal antes de que sea demasiado tarde.
La esperanza inquebrantable de un hombre de campo
A pesar de que han pasado los días y las fuerzas a veces flaquean, Juan Francisco Calderón mantiene una convicción que conmueve: él siente que su caballo sigue vivo. Aunque por momentos el cansancio lo lleva a decir que pierde las esperanzas, su corazón dicta lo contrario. Su mayor anhelo no es recuperar un bien material, sino simplemente volver a verlo, saber que está bien y que no sufrió un final cruel.
“Pase el tiempo que pase, yo al caballo, donde lo vea, lo voy a reconocer”, cuenta Juan. Incluso llega a imaginar un escenario donde su compañero pueda estar siendo cuidado por otros: “Lo único que me dejaría conforme es que algún día lo pueda ver en alguna agrupación, porque mi caballo era para eso”, sostiene el abuelo, refiriéndose a los desfiles y agrupaciones gauchas donde los animales lucen su mejor estampa.
La familia ha volcado el pedido de ayuda en las redes sociales, compartiendo fotos del animal y los números de contacto para recibir cualquier dato.
Mientras tanto, en esa finquita de 25 de Mayo, un hombre de 78 años mira hacia el potrero vacío, esperando que el relincho de su viejo amigo rompa el silencio del campo y le devuelva la alegría de los días compartidos.