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Mientras San Juan diversifica la matriz productiva, Mendoza lanzó créditos para exportar vinos
Mientras Mendoza lanza créditos de hasta un millón de dólares para potenciar la exportación tradicional de vino a granel, San Juan apuesta por un ambicioso plan de reconversión para modernizar sus viñedos y diversificar su producción. Dos provincias responden con estrategias distintas a la misma crisis global de consumo.
La vitivinicultura argentina enfrenta una coyuntura global compleja, marcada por una caída sostenida en el consumo mundial de vino. En respuesta, las principales provincias productoras, San Juan y Mendoza, están implementando estrategias contrastantes para asegurar la viabilidad de su sector.
Un diagnóstico compartido: la crisis del consumo
Ambas provincias parten de un mismo análisis. El mercado global del vino atraviesa una transformación profunda. Según datos oficiales citados por las autoridades, el consumo mundial ha disminuido un 12.5% en los últimos siete años. Argentina no es ajena a esta tendencia; el consumo interno per cápita se ha reducido de más de 30 litros anuales a aproximadamente 15 litros.
Este panorama obliga a las economías regionales dependientes de la uva a replantear sus modelos. Sin embargo, las respuestas desde San Juan y Mendoza divergen significativamente en su enfoque y herramientas principales.
La estrategia de San Juan: reconversión y diversificación
Frente al escenario desfavorable, San Juan ha optado por un camino de transformación estructural. El gobierno provincial, a través del Ministerio de Producción que conduce Gustavo Fernández, presentó un Plan de Reconversión Vitícola, que no busca simplemente vender más de lo mismo, sino cambiar la base productiva.
El plan se centra en tres pilares fundamentales:
Cambio de variedades: En lugar de arrancar viñedos, se promueve el uso de injertos para reemplazar uvas destinadas a vinos genéricos por otras con mayor salida comercial o para usos industriales. Se identificaron 21,800 hectáreas como aptas para esta técnica, que es menos costosa y permite una vuelta a la producción en plazos más cortos.
Eficiencia en recursos críticos: El diagnóstico señala que el 78% de los viñedos sanjuaninos aún utiliza riego por manto, un sistema considerado poco eficiente. El plan propone una modernización tecnológica masiva del riego y la incorporación de energía solar, buscando un uso más sostenible del agua y reduciendo costos operativos.
Diversificación del destino de la uva: San Juan apunta a fortalecer mercados alternativos al vino embotellado, como la exportación de mosto concentrado –del cual ya es un líder nacional– y la producción de pasas de uva, buscando amortiguar el impacto de los bajos precios del vino a granel.
Esta estrategia es vista como un proyecto a largo plazo, que requeriría una inversión teórica total cercana a los 190 millones de dólares y depende de una fuerte articulación público-privada.
La estrategia de Mendoza: competitividad y financiamiento
Mendoza, la principal productora de vino del país, ha elegido una táctica distinta para enfrentar los mismos desafíos. En lugar de una reconversión varietal y tecnológica a gran escala, la provincia está duplicando su apuesta por la competitividad en el mercado internacional del vino a granel, su producto estrella de exportación.
Para ello, el Ministerio de Producción mendocino, junto al Banco Nación, lanzó una línea de créditos por 20 millones de dólares dirigida específicamente a los exportadores. Esta herramienta financiera busca proporcionar liquidez y previsibilidad a las empresas. Los créditos, con una tasa anual del 4.25%, ofrecen montos de hasta 500,000 dólares para PyMEs y hasta 1 millón de dólares para grandes empresas, con un plazo de devolución de 180 días.
El objetivo declarado es fortalecer el flujo de exportaciones, mejorar el acceso al financiamiento en dólares y consolidar la presencia del vino mendocino en el exterior, aprovechando la escala y la reconocida calidad de su producción.
En síntesis, las provincias de San Juan y Mendoza están aplicando recetas diferentes para un problema común.
San Juan emprende un camino de reconversión y diversificación productiva, asumiendo que el futuro requiere un cambio estructural en lo que se produce y cómo se produce, con una fuerte mirada en la eficiencia y los mercados alternativos.
Mendoza, en cambio, apuesta a profundizar su especialización histórica, utilizando palancas financieras para fortalecer la competitividad de su sector exportador tradicional en el mercado global.